viernes, 19 de junio de 2015

Estudio y análisis constructivo del Pazo de O Rosal *



Es el proceso evolutivo en la construcción lo que caracteriza a este pazo que, ante los otros muchos existentes en la zona y alrededores, no destaca por su técnica constructiva ni por sus elementos decorativos, que más bien son escasos, sino por ofrecer en sus propios muros las cicatrices de las distintas etapas constructivas que en él tuvieron lugar.

El conocer en qué momento se produjeron estas obras así como el orden de las mismas sólo pudo ser posible a través de las piedras armeras y a los escasos documentos de la época acerca de las actividades en la zona. Gracias a estos escudos que coronan las obras se estableció la época en la que se llevaron a cabo, siendo posibles por las mejoras socioeconómicas del momento y que como siempre beneficiaron a unos pocos, los señores feudales.

1. CONSTRUCCIÓN ORIGINARIA.

La primera de las condiciones físicas que determinan las características de nuestra arquitectura popular, unido el empleo exclusivo de los materiaales locales, no manufacturados y casi en su estado natural, es el escaso conocimiento de la técnica constructiva de unos campesinos que al mismo tiempo que cultivaban sus tierras, se vieron obligados a hacer sus herramientas y a construir sus propias casas.

Este elemental conocimiento de la técnica constructiva, junto con la gran precariedad de los medios con los que el labriego se encuentra a la hora de afrontar la realización de la obra, supuso en Galicia la repetición de unos tipos de edificación con unas permanentes características formales y con muy pocas variantes espaciales.

La utilización de los matenales locales, fundamentalmente la piedra, tiene llevado, por otra parte, a la arquitectura autóctona a unas soluciones similares, con las mismas técnicas y sistemas constructivos en aquellas zonas de características geológicas comunes, determinando éstas una forma, carácter y textura de las edificaciones rurales que hace que se integren en el paisaje circundante, pareciendo fundirse con ella.

El lugar del pazo fue considerado por su importancia estratégica ya desde la Edad de hierro, como lo demuestran los restos castrenses encontrados en la zona, ya que la colina donde se asienta permite con su altura de 54 metros divisar todo el entorno.

Con una meticulosa toma de medidas, que se ha hecho necesaria para un levantamiento riguroso de los planos representativos del pazo, se ha podido establecer cual fue la construcción originaria que dio lugar al conjunto ahora objeto de estudio.

Para ello se ha tenido muy en cuenta las características y situación de los muros de carga pudiendo establecer en qué dirección se han producido las ampliaciones y añadidos.

El escudo presente en lo que hoy en día es la galería está datado en el siglo XV y nos servirá de referencia para establecer unos orígenes del lugar ya que no será hasta aproximadamente el siglo XVI donde aparezcan las primeras referencias escritas sobre las posesiones del Rosal.



En su campo figura un león rampante acompañado de tres hojas da higuera, armas representativas del linaje Romay. Debemos considerar esta piedra armera como la más antigua de la casa y, posiblemente, la más antigua representación de las armas de este linaje encontrada en el Morrazo.



La situación actual del escudo, en la división interior de la galería situada en la segunda planta y teniendo en cuenta el macizo sobre el que se levanta dicha galería, nos hace pensar que lo que en la actualidad forma la esquina Suroeste del pazo, en sus orígenes era una construcción exenta del conjunto.

La estructura de muros de carga que revela la planta del edificio, así como la demarcación de los volúmenes que originan las yagas presentes en los alzados, nos permite diferenciar lo que fue en algún momento la construcción originaria y los añadidos que se fueron llevando a cabo.

La galería, su situación en planta así como la clara orientación de los muros interiores hacia ella y el hecho de que en sus orígenes fuese una torre de vigilancia son los motivos que nos llevan a pensar que en un principio no formaba parte del conjunto actual. El macizo de la base, con un área de 43.58 m2 y una altura de 6.50 metros guarda una estrecha relación con las características constructivas de las torres construidas en la zona, y que por su importancia tuvieron cabida en los documentos históricos del momento.

Ejemplo de ello es la Torre de Meira, localizada en una colina del mismo nombre, perteneció a Gregorio de Valladares, señor residente en la ciudad de Vigo. Según la memoria de las "Prospecciones arqueológicas en la Torre de Meira", publicada en el boletín Auriense VI (1976), la torre fue ubicada en la falda Sur del yacimiento castrense de "As Cidades". La torre tiene forma casi cuadrada de 5,90 m. por 5,70 de lados exteriores y 3,10 por 3,10 de medidas interiores. La diferencia tan considerable viene dada por el espesor de 1,18 m. de las paredes formadas por sillares bien trabados y asentados. El promontorio donde se encuentra la torre comprende apenas 96 metros cuadrados y se considera que el conjunto consta de un patio de armas y la misma torre, protegidas por una muralla que rodea la cumbre de la colina. Las características constructivas así como la situación de la misma, en lo alto de una colina dominando el entorno, plantea una clara similitud con el macizo perteneciente a la construcción paciega.

El escudo presente en esta zona, perteneciente a la familia de los Romay, es el único elemento, junto con las primeras ramificaciones de esta familia en el Morrazo, que nos permite hacer unas consideraciones cronológicas a la hora de establecer un origen remoto en la construcción paciega.

El Siglo XV, al cual nos remonta el escudo, se caracteriza, además de las batallas localistas provocadas siempre por el abuso de poder de los caballeros feudales, por el levantamiento de las gentes comunes que desembocará en la primera guerra irmandiña en 1431.

Para defender la mayor parte de lo que hoy son los ayuntamientos de Moaña y Cangas, fueron levantadas dos fortificaciones, la Torre de Meira y el Castillo de Darbo, localizado éste en un monte del mismo nombre y del que aún se conservan restos de esquinas y sillares asentados como base de muros o paredes. De todos modos, ambas construcciones no fueron acondicionadas para habitar permanentemente.

Andaban en la formación de las mandadas cuando llegó a la villa de Pontevedra un alguacil, que portaba un vara o bastón de mando del rey Enrique IV, para pregonar la toma de armas y salir a derrocar, en el nombre del Rey, las fortalezas de los alrededores. Las mandadas empezaron las movilizaciones desplazándose a diferentes lugares para destruir las fortalezas más grandes, entre las que se incluyeron la Torre de Meira y el Castillo de Darbo. Derrotados los irmandiños volvieron los caballeros y resurgieron las guerras entre ellos, y los que antes eran amigos por causa común, ahora se vuelven enemigos para disputar los dominios.

Probablemente el conflicto que más afectó a esta bisbarra fue el mantenido por Alonso II, arzobispo de Compostela, contra Pedro Madruga, por discrepancias acerca de unos privilegios en la villa de Pontevedra. Alonso II comienza un proceso de reconstrucción de las fortalezas dañadas durante las revueltas. En el Castillo de Darbo nombró protector a Vasco Fernández, instalándose allí con su familia para llevar a cabo la defensa en contra de las hostilidades de Pedro Madruga; en la Torre de Meira designó a Gregorio de Valladares, siendo víctima mortal de Pedro Madruga antes de la reconstrucción de la misma. La Torre fue derruida hasta el suelo posteriormente por orden del mismo dando lugar así a los restos que podemos encontrar en la actualidad. Esto ocurrió en el 1476 y va a ser el nombre de Vasco Fernández el que sirva para situar el linaje de los Romay en la zona, pues se desconoce cualquier documento de propiedad escrito que se conserve en la actualidad que nos pueda remontar a las posesiones del pazo.

Los orígenes de esta familia nobiliar los hemos encontrado en el pazo de O Cadro, siendo este uno de los solares más antiguos de los Romay, significado e importantísimo linaje gallego con importantísimas ramificaciones en la comarca del Morrazo. En el último tercio del Siglo XV figura como señor de la torre y coto de O Cadro Fernando de Romay y Sotomayor, el mozo, que había casado en primeras nupcias con Dña. Beatriz Suárez de Deza, y de segundas con una hija del escudero Vasco Fernández de Barragáns. Esto último ocurre alrededor de 1480 y es la relación más temprana que se ha encontrado del linaje de los Romay en el Morrazo y por extensión en Moaña, pues es aquí, en la torre del pazo, donde se encuentra la piedra armera más antigua de la zona. Nace de este segundo matrimonio, entre otros hijos, Juan de Romay, que con Dña. Urraca Falcón serán la primera rama de la nobleza que asumirá el control de la zona donde se asienta el pazo. El hecho de que la torre incluída en nuestro pazo no se encuentra referida en ningún documento de la época puede ser debido a su escaso papel en los acontecimientos de la época y también a la poca relación que los Romay tenían aún en la zona, solamente poseyendo aquí estos terrenos.

La construcción, además de la torre, pudo estar acompañada por una casa terrena que sirviera de vivienda a la familia encargada de guardar las tierras y cobrar el foro correspondiente por su cultivo. La idea de que dicha torre pudo estar acompañada de una casa surge, al igual que en la torre, de la situación en planta de los muros de carga. Lo que pudieron ser sus muros de cierre los encontramos hoy en día formando parte de los muros de carga interior, conclusión no tan dispar si se tiene en cuenta que todo el pazo fue sometido a reiterados procesos de ampliación y reforma. Más nos acerca a esta afirmación si tenemos en cuenta el espesor y situación de uno de estos muros, el que oculta en su intenor una escalera de piedra. Su espesor es de aproximadamente 1 metro y su prolongación en fachada coincide con la yaga que se forma en la fachada Norte. Su dirección, casi perpendicular a las fachadas Este y Oeste, forma con el encuentro de los otros muros interiores un recinto interior rectangular, siendo este muro la fachada Norte de dicha casa.

Todo lo expuesto nos sirve para afirmar que la construcción estaba formada por una torre y casa terrena, con unos orígenes que posiblemente se remontan a principios de 1430 con el inicio de las revueltas y causa probable del levantamiento de la torre, aunque no será hasta finales de 1470 donde encontremos referencias históricas del linaje titular de los terrenos y por tanto de las construcciones que pudiera haber allí. La casa terrena delimitada en el interior del pazo contempla las características del modelo más primitivo de la casa rural, casa rectangular terrea, cerrada por cuatro muros de una altura media de 2-2.5 metros, con dimensiones que oscilan entre 6 y 10 metros para los dos frontales, y entre 4 y 6 metros para los laterales.

La casa rectangular terrea, en sus casos más simples, cuenta con una organización interna que responde a las necesidades de una economía labriega, reduciéndose a un solo espacio donde se desarrollan las funciones de la casa-vivienda. En los casos más desarrollados de este tipo de edificación aparecerán ya dos espacios claramente diferenciados: la vivienda, en la que en algunas ocasiones aparece algún cuarto además de la cocina; y las cortes separadas de ella, bien por un muro de mampostería o bien por un sencillo entablado.

En nuestro caso el recinto delimitado por este rectángulo tiene una superficie de 76.55 metros cuadrados. Cubierta a dos aguas y soportada por este muros en los laterales formando los hastiales. Con una altura de 3,18 metros, los muros estaban realizados a base de mampostería tomada con mortero de barro, reformada y consolidada en la actualidad con mortero de cemento.

Con todo esto se ha pretendido establecer el origen de una construcción que desde el siglo XV y en los siguientes sufrirá un proceso de enriquecimiento fruto de la instauración del linaje nobiliar en la zona, aumentando y adquiriendo sus bienes mediante una política de compra de terrenos.

2. PRIMERA AMPLIACIÓN. FACHADAS NORTE Y OESTE

Solamente a través de los escudos de armas presentes en las fachadas y la situación que en el pazo ocupan podemos establecer en qué momento fue llevada a cabo la obra y explicar de este modo las características constructivas que caracterizan a las ampliaciones, acompañadas las más notables por la colocación de estos escudos en piedra que ensalzan el poderío de la familia dueña en su momento del pazo.

Partiendo de la construcción original, una casa terrena y una torre realizados con grandes mampuestos tomados con mortero de barro y asentados con la ayuda de pequeños ripios, los procesos constructivos que caracterizaran al pazo tendrán como fin no sólo mejorar la construcción para albergar a los futuros señores del Rosal, sino también ensalzar la construcción mejorando la técnica constructiva sobre todo en la piedra, apareciendo aquí los escasos motivos ornamentales.

Los escudos presentes en las fachadas del pazo son los siguientes:

-En la fachada Norte: datado a principios del Siglo XVII. Presenta sobre cartela, un escudo cuartelado en cruz, timbrado con yelmo empenachado. El elemento más característico es la referencia del mismo a la familia de los Suárez de Deza en su primer cuarto: un brazo naciente del cantón diestro del jefe que empuña una espada puesta en banda (de plata), acompañada de tres lises.



-En la fachada Sur: datado en la segunda mitad del Siglo XVII. Presenta sobre cartela un escudo ovalado con su campo dividido en cruz; al timbre, yelmo empenachado con lambrequines cortos. Por su diseño y cronología esta piedra armera perteneció, muy posiblemente, a Gonzalo Saavedra Romay.

Establecida pues una cronología en estas dos importantes reformas, empezaremos por la primera de ellas.

En la realización de las obras llevadas a cabo en la fachada Norte se pueden distinguir dos fases, la primera de ellas relativa a la zona de la galería y escaleras de piedra y una segunda en su encuentro con la fachada Oeste, a la altura de la torre.

Veremos pues las características y procesos de cada una de estas fases:

Iª fase. Levantamiento de escalera y galería:

En ella se encuentran, como se ha descrito anteriormente, la mayor parte de los motivos ornamentales concentrados de una manera muy clara en la entrada que da acceso al pazo, formada por la escalera de piedra y la galería sobre el soportal de piedra. El objeto de esta ampliación es la aportación de un piso más a la construcción, destinado a la residencia de los señores, conservando el piso inferior el uso común que ya tenía, vivienda para sirvientes y animales. Para ello se pretende la realización de una escalera en piedra que transcurrirá paralela a la fachada formada ahora por otro muro de cierre paralelo al anterior y a una distancia de 2.50 metros que permite la formación de la galería y cocina entre los dos muros.



La superficie de esta segunda planta se amplía terraplenando el terreno en la fachada Este de la casa terrena y matizándolo con mampuesto tomados con mortero de barro hasta la altura del piso de la planta segunda. La solución así adoptada aprovecha la pendiente ascendente del terreno haciendo que este macizado pierda altura a medida que asciende. Se forma la línea definitiva del paramento Oeste y se Inicia en su esquina Noreste el arranque de la escalera.

La secuela de esta ampliación se refleja en esta fachada Este con una marcada yaga en la fábrica de piedra, diferenciándose claramente dos tipos de elementos en la fabricación del paramento, sillares y mampostería. La zona resuelta en mampostería presenta una longitud igual a la distancia entre los muros que fueron y que son de fachada. El poco cuidado que se tuvo en la ejecución de esta zona, rompiendo todo sentido estético, puede ser debido también a la escasa importancia que se le daban a aquellas fachadas que, no siendo las principales, presentaban una orientación poco favorable, como es el caso de esta fachada Sur.

La contraposición a lo dicho anteriormente la encontramos en la fachada Norte donde tanto la ejecución como el sentido estético de la obra denota una clara atención e intención de exaltación por ser la principal, escalera totalmente realizada en piedra sobre un macizo en el primer tramo y sustentada por una columna en su desembarco, galería sobre un soportal de arcos de medio punto realizado todo ello en piedra ennobleciendo todo ello el conjunto.



Esta primera fase de la obra termina en el encuentro con el muro Oeste de la casa terrena, el cual aumenta su altura para soportar la cubierta por encima de la planta segunda.

Con todo se consigue una planta alta con una superficie de 145.60 metros cuadrados, mientras que la superficie de la planta baja se mantiene debido al soportal que se forma bajo la galería y el macizo bajo lo que será la cocina.

La cubierta se resuelve a dos aguas, coincidiendo la línea de cumbrera en el eje de simetría de la planta. Dicha cubierta se apoyaba en los dos muros laterales que reproducían la inclinación de la cubierta a modo de hastiales. Las pruebas de esta antigua solución dada a la cubierta las encontramos en la galería de piedra en la facha Norte y en la esquina Noreste del alzado Este.

En la galería, en uno de sus muros laterales, la línea del hastial que formaba el muro sobre el que se apoyaba la cubierta se puede apreciar en la actual mediante una marca inclinada que coincide en su encuentro con la galería de la parte superior de las ventanas. El añadido que se hará más tarde corregirá esta inclinación hasta hacerlo rectangular mediante sillares colocados encima del hastial formando así una junta inclinada a 16º en el asiento de la primera hilada.

La línea del alero en la fachada Norte coincidía en la galería justo por encima de las ventanas aunque después, como se verá, gana altura al modificarse nuevamente la cubierta. En la fachada Norte puede apreciarse este hecho por el enfoscado que recubre la fábrica de piedra que se eleva por encima de las ventanas, y es aquí donde se formaba el antiguo alero de esta primera cubierta, coincidiendo su altura con el encuentro de los hastiales.

Esta primera fase de ampliación de la fachada Norte se finaliza con un conjunto que ofrece una planta rectangular y cubierta a dos aguas en la que ya se aprecia una clara separacion entre los distintos espacios en los que habitarán los señores feudales y el servicio de la casa.

En el pazo esta demarcación se produce en la creación de esta segunda planta, destinada a los aposentos de los señores, mientras que la planta inferior conserva las caracteristícas de la anterior casa terrera, espacios divididos por entablados seguramente darían cobijo a los sirvientes y animales.

2a fase en prolongación de la fachada Norte y su encuentro con la fachada Oeste:

La segunda fase constructiva de esta ampliación comienza justo a partir de uno de los muros laterales y constancia de ello es la yaga presente en la fachada Norte. El objeto de la misma es la inclusión de la torre en el pazo, aprovechando la situación de la misma para llevar hasta su altura la línea de la fachada Oeste.

La prolongación de esta fachada Norte hasta su encuentro con la línea marcada por la fachada de la torre, va a hacer de este el proyecto de ampliación el más ambicioso de todos los llevados en el pazo ya que la unificación de estas dos construcciones determinará la orientación de los muros de carga y por tanto la distribución interior de todo el pazo.

Entran en juego de una manera más clara las alturas debido a la pendiente del terreno en esta zona que desciende, cuestión que se tuvo muy en cuenta en la realización de la misma.

Se dotará a la construcción de una planta baja por medio de desmontes y disminuyendo la altura de la planta intermedia, consiguiendo con todo ello aprovechar al máximo la ampliación, ganando superficie no sólo en planta sino también en altura.

Para solucionar los problemas de circulación dentro del pazo se acondiciona una escalera de piedra en el interior del muro que permite la comunicación entre la planta alta y la planta intermedia. El espesor de este muro que es de 1 metro haciéndolo posible, con lo que se cree que esta dimensión es debida a una ampliación de dicho espesor para albergarla, ya que la sillería de la misma está perfectamente ejecutada, sillares paralelepípedos tomados con morteros de cal configuran tanto 109 peldaños como paredes y techo.

Concuerda esta calidad constructiva con la llevada a cabo en la escalera de piedra y galería así como los paramentos que completarán el alzado Norte en esta segunda fase de la ampliación y se contrapone a la naturaleza constructiva del muro que la contiene, anterior muro de fachada de la construcción originaria, realizado en mampostería y barro, presentes en la actualidad en algunas zonas del mismo. Se aumenta el espesor y se consolida el muro, para así abrir un hueco que permita el desembarco en la planta intermedia.

La prolongación del muro en la línea de fachada Norte concuerda con la yaga que se extiende en toda la altura de este alzado y debido a la cuidada ejecución y colocación de los sillares presenta un espesor no supenor a un centímetro.

El alzado Oeste acude al encuentro del alzado Norte prolongando la línea de fachada de la torre, cerrando así la construcción en esta esquina.


El gran macizo que se forma para incluir la torre dentro de la construcción se permite una ampliación de la planta alta y de la planta intermedia permitiendo que en esta última se pueda dar cabida a espacios destinados a los señores de la casa y apartados al mismo tiempo del servicio. Se crea una planta baja constituída por un almacén con suelo de tierra.

Durante el desarrollo de esta segunda fase se empezará a planificar la ampliación de la fachada Sur, todo ello orientado para la inclusión de la torre dentro del conjunto y regularizar así la continuidad de su perímetro.

Por último añadir que ambas fases de ampliación tanto la que afecta a la fachada Norte como la Oeste presentan una cuidada ejecución de la piedra, sillares paralelepípedos tomados con mortero de cal conforman los nuevos muros, que mantienen el espesor de los originales.



Este esplendor constructivo es posible gracias a la mejora económica que se producen en la época que tienen lugar. No se dispone de ningún documento que registre tales acontecimientos, solamente a través de las características del escudo de armas, la familia que poseía las tierras por aquel entonces y las características económicas que se dieron en aquellos años explicarían el comienzo e instauración de una rama del linaje Romay en la zona.

El hecho de que el escudo presente en esta fachada realce en su primer cuarto a una familia distinta a la de los Romay nos puede dar una idea de la importancia que tuvieron las relaciones establecidas con este segundo linaje, los Suárez de Deza. Todas las demás piedras armeras presentes en el pazo, incluída ésta, tienen presente el emblema de los Romay, formado por un león rampante coronado, y debido a que los orígenes del lugar nacen en este linaje, su importancia se denota en el mismo prescindiendo el primer cuarto, mostrando u honrando a otras familias y linajes por las relaciones y tratados que llevaron a cabo.

Analizando el árbol genealógico del pazo, las relaciones con los Suárez de Deza se producen en la tercera generación, con el matrimonio de Constanza López de Romay y Álvarez Suárez de Deza, que comenzaron una política de compras continuada, adquiriendo muchas de las propiedades familiares situadas en Moaña. En 1602 le compraban a Francisco de Romay, por 24 dcs., la herencia que le tenía correspondido, y los mismo con Nicolás de Pazos y Urraca Falcón.

El conjunto engloba más de 54 fincas extendidas sobre todo por el Fragoso y el Morrazo. De entre ellos, el núcleo más importante es el del Rosal. El testamento de Álvarez Suárez de Deza data del año 1627.

Sin embargo, al no tener descendencia directa este último matrimonio, el moañés lugar recaerá en su sobrino Gonzalo Saavedra Romay, primer señor de la Casa del Rosal.

Esta mejora en la situación económica se debe a una serie de factores que favorecen la posición de las familias ricas, así, las grandes casas hidalgas a hacerse con los fondos en el siglo XVI, tierras que luego cederán a los campesinos a cambio de una renta más elevada mediante un contrato de subforo. El patrimonio familiar de estas casas, que se ve aumentado a través de vantajosos enlaces matrimoniales, se mantendrá casi íntegro a través de varios siglos debido a que se transmitía por completo a un solo hijo, por lo general el primogénito (Véase "mayorazgo").

Los cambios producidos en los útiles agrícolas en los siglos XVI y XVII son mínimos. Las transformaciones más importantes se dan en los sistemas de cultivo, como el establecimiento de de nuevas rotaciones de cultivo, y en la introducción de nuevas especies. Otro aspecto que muestra el progreso de la agricultura es el regadñio, que se hace necesario por el fuerte estiaje de Julio y Agosto, que hace necesaria la regulación de las horas de riego, los canales de regadío, etc. Como ya se mencionó anteriormente, eran importantes los cultivos de trigo y centeno, así como los viñedos

Son estas las razones que impulsan la realización de tales obras, la acumulación de riquezas y el feudo aportado por los agricultores por el trabajo de sus tierras hacen posible afrontar el gasto de los trabajos, los cuales podemos datar a comienzos del siglo XVII y que se prolongarán, con distintas interrupciones, has finales del mismo como así lo demuestran los escudos que honran a las familias titulares del pazo.

3. SEGUNDA AMPLIACIÓN. FACHADA SUR

El escudo que preside esta parte de la construcción pertenece a la segunda mitad del siglo XVII, que viene a coincidir con la continuidad de las obras llevadas a cabo hasta ahora y que tienen como fin encerrar el conjunto, torre y pazo, en uno.

La talla del escudo vuelve a recuperar la importancia de la familia de los Romay al destacar su emblema, el león rampante en el primer cuarto del escudo. Ello se debe a que los dueños del pazo, constanza López de Romay y Álvarez Suárez de Deza, no tuvieron descendientes y, como se dijo, la herencia recayó en su sobrino Gonzalo Saavedra Romay, primer señor de la casa, atribuyéndole a él la titularidad de estas obras y que no duda en constatar a la hora de coronarlas con su escudo.



El trazado de dichas obras se revela claro por la dirección que adquieren los muros de este alzado en su encuentro con la fachada de la torre, presentando una inclinación respecto a los muros originales de 4º. Se aprovecha, al igual que en la primera ampliación, las características del terreno para dar cabida a plantas intermedias y bajas a medida que el terreno gana altura.

En la esquina Sureste se habilita una segunda entrada al interior del pazo que permitirá accedeer mediante una escalera a la planta alta, que arranca desde el hall de entrada, y al almacén de la planta intermedia por medio de una puerta también situada en este hall.

Dicho almacén se cierra con un muro casi perpendicular a la fachada Sur que acomete contra el antiguo paramento alcanzando el techo de la planta alta. La situación y orientación de este muro responde a forzada solución adoptada para incluir los muros de la torre en la distribución interior del pazo, para ello se forma una especie de vestíbulo que sale alencuentro de la prolongación de los muros de la galería formando así el elemento de enlace entre el pazo y la torre.

Dicho vestíbulo se resuelve en la planta alta mediante dos muros de 0.65 metros de espesor y enfrentados a una distancia que forma el vestíbulo de 0.92 m2, formando una superficie de 2.80 m2. Su acceso se hace a través de dos puertas enfrentadas en sendos muros. En la planta baja se forma un macizo sobre el que se apoyan los muros del vestíbulo.

Se prosigue en la construcción del alzado Sur hasta hacerlo coincidir con los paramentos de la torre y formándose la galería de la planta alta. La solución conseguida en el trazado forzado de los muros consigue cerrar toda la construcción y formar un solo conjunto.

La construcción del alzado Sur se lleva a cabo a través de un buen trabajo en los sillares de los muros, paralelepípedos y tomados con mortero de cal en el paramento exterior y con mampostería asentada con ripios en la parte interior. Se aprvecha la orientación de esta fachada para situar en la parte alta tres balcones, presididos por el escudo de armas.

La realización de estos trabajos culminan con la forma del volumen final y fueron, como sucedió en la etapa anterior, por una serie de acontecimientos en la época que permitieron proseguir la mejora económica de la familia Romay.

Así, la aparición de un cereal americano en el siglo XVII provocó importantes cambios en la agricultura y en la economía labriega, se trata del maíz, cuyo cultivo se extiende y generaliza a partir del siglo XVII. La rápida adaptación de este nuevo cereal a la agricultura gallega se debe tanto a razones de orden físico como a otras de orden económico. El maíz, existente en calor y humedad, se adaptó en Galicia como cultivo en los cortos y no excesivamente calientes veranos gracias a la influencia del viento marino que mantiene una alta humedad, produciendo frecuentes lluvias en esta estación. Gracias a este cereal se incrementan los ingresos y aumentan las riquezas de los señores favoreciendo la aparición de grandes casas y de una arquitectura muy rica para el almacenamiento y transformación del cereal como nuevos elementos de la unidad paciega.

Se cierra la parte superior del conjunto con una estructura de cubierta bastante compleja fruto de las distintas etapas constructivas, pero podemos acercarnos a la concepción final de la misma a través de la foto realizada a principios del siglo XX que muestra el frente de la fachada Oeste. Desde este punto y teniendo en cuenta la distribución de los muros en la planta de bajo cubierta, podemos aventurarnos a advertir la forma de la misma, siempre respetando una lógica constructiva en el trazado de la misma.



Para ello partimos de la foto que antecede, en ella se observa como en el extremo izquierdo de la misma el muro de la fachada Norte en su coronación acompaña a la inclinación de la cubierta formando la mitad de un hastial. Esta sería una disposición típica de una cubierta a dos aguas, pero es en la segunda mitad, con el corredor y balustres donde la cubierta cambia. El faldón que cubría esta zona central hasta el muro de la gaelría es una superficie rectangular limitada en su perímetro por los muros de carga interiores. Aquí, sorprendentemente, la línea de pendiente se hace perpendicular a la fachada Norte rompiendo la estructura de dos aguas que llega a esta zona.

Después de este faldón encontramos una nueva formación de la cubierta. En la galería sobre la torre la cubierta se resuelve, al igual que antes, a un agua, encontrándose a la altura del suelo de la planta de bajo-cubierta. El encuentro de este faldón que cubre la galería con el faldón inclinado de la estructura a dos aguas se produce a través de uno de los muros de la galería que se levanta hasta formar un pequeño hastial retranqueado de la línea de fachada y rompiendo la continuidad de la cubierta. La estructura así concebida sólo puede entenderse por el proceso constructivo que obligó a improvisar soluciones en la cubierta debido a su prolongación en el tiempo. en la zona opuesta, la cubierta se resuelva a tres aguas. Parecía lógico pensar la posibilidad de una solución a dis aguas en esta zona, apoyando la cubierta en hastiales, pero será la construcción de la chimenea la que condicione la forma de la misma. La formación de una estructura a tres aguas facilita, debido a la situación de la chimenea, pegada al muro, que el encuentro se produzca a una baja altura, permitiéndole así levantarse y destacar sobre la cubierta, como se puede apreciar en la actualidad.

A mediados del siglo XX, según datos aportados por vecinos del lugar, tuvo lugar una reforma en la cubierta debido a problemas con las filtraciones de agua. Se debió aprovechar esta circunstancia, no sólo para consodilar la cubrición macizando las tejas con mortero de cal en su apoyo con las estructuras, sino cambiar la geometría de la cubierta en la zona Oeste. Se elimina el corredor y el hastial en esta zona para consolidar un faldón rectangular que supone la formación actual de la cubierta a cuatro aguas.

* Autor anónimo

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